CUENTO SOBRE LA PARROQUÍA DE MINDO

Mi amigo Pepe

Realizado por: Sánchez A.

¡Hola! Mi nombre es Juan y les contaré una pequeña historia. Como siempre los sábados por la mañana mis padres salían a trabajar. Ellos cuidaban el bosque Nambillo y a la gran cantidad de especies que habitaban el lugar; de una u otra forma mantenían la naturaleza de mi lindo Mindo intacta.

Mi madre era una mujer muy humilde y mi padre era un hombre fuerte y trabajador. Él era el que siempre hacía el trabajo duro y lo ayudaba porque cuidar a los animalitos era mucho mejor que pasar en casa; además, tenía una buena conexión con ellos. Por eso, soy el primero que se levanta todos los sábados ya que es el turno de mis padres. Recuerdo un sábado de tormenta; ellos se encontraban alimentando a las truchas que teníamos y habían visto entrar grandes camiones y gente enternada y otros con cascos. Mi padre me dijo que vaya a ver quiénes eran, ya que era extraño ver a personas así por el lugar. 

Lllegue a la zona y vi a un un señor con un traje muy elegante se dirigió a una de las zonas donde existe mayor cantidad de árboles, dijo que solo iba a ver el lugar. Me escondí detrás de un gran árbol, mientras vi llegar grandes camiones y personas con cascos. Alcancé a escuchar que lo llamaban Ingeniero Fernandez.

No sabía lo que ocurría, hasta que, con hachas  y otras herramientas empezaron a golpear algunos árboles, ahí supe que querían llevárselos para sus negocios. Corrí para detenerlos, pero uno de esos hombres me empujó y caí. Todos me miraban y gritaban que me fuera de ahí, que no era un lugar para un niño como yo; embarrado de lodo me levanté y grité muy fuerte: "¡Si no fuera por todos los árboles que crecen por años en este bosque, ninguno de nosotros podría respirar!". Estaba lleno de ira, no sabía qué hacer.

Me alejé por el sendero pensando en algo para ayudar y un ave muy pequeña revoloteó sobre mi cabeza, era el ave más hermosa que había visto, lo nombré Pepe. Él me aconsejó avisar a toda la comunidad lo que estaba sucediendo, pues su hogar y el de muchas especies de ese bosque corrían peligro; me dijo que él reuniría a las demás aves y, entre humanos y animalitos, sacaríamos a aquellos intrusos que tanto daño querían hacer. Así que corrí a dar aviso, toda la gente de mi comunidad salió enardecida: hombres, mujeres, niños y niñas corrimos al bosque a protestar. Cuando llegamos, un montón de aves revoloteaban encima de aquellas personas de cascos, picoteándolos y persiguiéndolos. Los hombres y mujeres de mi comunidad gritaban ¡Lárguense de estas tierras, no las dañarán! Apurados, aquel Ingeniero y sus hombres, se metieron a los camiones y salieron del bosque jurando no regresar.

Las aves cantaban melodías por su alegría; entre todas ellas, alcancé a ver a Pepe, se me acercó y me dijo: “Los árboles así como los animalitos, son amigos, cuídanos y nosotros cuidaremos de ti”. Me encariñé tanto con él, que le prometí que cada semana sembraríamos más arbolitos con las personas de mi comunidad.

Desde entonces, encuentro a Pepe cada sábado mientras plantamos árboles. Yo soy muy feliz por haberlo ayudado a él y al bosque. Pero, cómo no ayudar a la tierra que me vio nacer, que me permite comer y conocer a seres tan maravillosos que habitan aquí. Por esto, te pido a ti que, si vienes a visitar Mindo, respetes el hogar de miles de aves como Pepito y otras especies más. Reflexionen amigos, cuiden la naturaleza y no la traten con dureza.


Un cuento por: Burbano Katherine, Ligña Edison, Figueroa Leslie, Quezada Leiddy, Sánchez Alisson

 



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